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  1. Me miraba yo incapaz de brillar. Volteaba y volvía, corría y me arrastraba, pero jamás encontraba brillo en ningún lugar. Tanta fue mi manía, que me obsesioné con las personas más cálidas que jamás conocí. Con una persona en particular, una persona que ya no forma parte de lo soy hoy, pero que me marcó de muchas maneras, algunas buenas y otras malas. Pero estas palabras no buscan llegar a ella, no más.

    Me hallaba perdido y olvidado, tan perdido, que no vi cuando tú me encontraste. Tú, mi pequeño gran rayo de luz. Mi gran algo, que no es nada.

    Tus palabras y curvas me cautivaron, tú amor me forjó y tu compañía me encontró. Tú, mi anhelo y desdicha.

    Pero no todo es amor y felicidad.

    Tú, la que me promete y miente, la que culpa y señala. La que pide y pide, pero jamás se escucha. Yo sé que estoy mal, siempre lo he sabido. Sé que soy más defectos que virtudes y más problemas que soluciones. Y aun así me planteé cara, me miré a los ojos y acepté a quien me devolvía la mirada. Me acepté a mí. ¿Tú te puedes aceptar a ti? Me grité y me odié, me juzgué y critiqué, y, al final, me di una pizca de amor propio.

    Sólo una pizca de amor propio fue lo que recibí de mí.

    Total, para que me doy amor, si tú me vas a dar todo el amor del mundo, ¿no? Sí, tú me ibas a dar todo. Todo. Con tus dulces palabras cautivas mi corazón y clavas tus raíces en lo más profundo de mi ser.

    Y del amor pasamos al odio, a la rabia y las ganas de romperlo todo. Tengo miedo de ti. Vociferas, desgarrando tu garganta y nuestras almas. Me haces menos y me haces sentir pequeño, culpable e inseguro.

    Tú, mi adicción más peligrosa.

    Me encasillas y pudres, para luego llorarme y llorarme. Tus lágrimas son tu mejor arma, y yo, débil, las recojo del suelo y te las entrego, volviendo a tus fauces. Más apagado, más cansado y más hastiado, pero sin poder dejar tu ala, tu amor y tus palabras.

    Tú, mi eterno invierno.

    Tú, quien me incita a tanto, quien me inspira y me rompe; tú, mi amor, dame las fuerzas para dejarte.
  2. No sé si es por ti o por mí.




    Ahora sólo quiero ahogarme en el silencio.
  3. Dejé de hacer cosas que de verdad disfrutaba, por estar contigo. Dejé de lado mucho para poder estar contigo.
    Y tú siempre me olvidas, siempre hay algo o alguien. Siempre hay una excusa. Siempre hay un "perdón, amor" y un algo que no podía esperar. No me pidas que sea tu prioridad si claramente yo no soy la tuya.
    Ya me cansé.
    Ya me cansé de ti, de tus peros y tus palabras, que se quedan sólo en eso: palabras.

    Al fijar eres tú la va a matar y yo, por estúpido, me quedaré hasta que pase.
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  4. Alguna vez he oído decir que alguien es muy colorido o muy cálido. Incluso puedo presumir de haber convivido con gente así. Personas que, por instantes, te hacen olvidar lo malo de la vida. Con una mirada, una sonrisa o una voz, te llevan a otro lugar, a otro mundo.

    Con el tiempo me he hecho a la idea de que todos tenemos colores, los colores del alma. Y que cada uno sobresale dependiendo de nuestro estado anímico. No sé muy bien cuál va con cuál, pero uno podría pensar que el equilibrio se encuentra cuando tienes una gama enorme de colores en tu alma, tantos y tan vivos que incluso puedes hacérselos sentir a los demás.

    Mientras pensaba en todo esto, y en la gente tan colorida que te lo transmite, no pude no pensar en lo opuesto. Gente tan descolorida y opaca, que apenas y la sentimos por ahí.

    Hice un intento por ver dentro de mi y hallar mis colores, pero al ver a mis amigos y familiares, me di cuenta que yo sólo reflejo lo que ellos me transmiten.

    No estoy descolorido, pero definitivamente mi alma es gris.
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  5. Los recuerdos me vienen a la cabeza y no puedo evitar ponerme un poco melancólico. Entonces enciendo un cigarro, miro por la ventana y los hago volver por donde vinieron.

    Quiero decir, no es malo recordar, pero generalmente me deprimo si los dejo andar mucho en mi cabeza. Y, créanme, no puedo darle ni el más mínimo espacio a la depresión, pues cada vez que caigo es más difícil levantarme.

    Escribo esto a las tantas de la madrugada, mientras escucho música y contemplo la oscuridad. Creo que esta es mi parte favorita del día.

    Bueno, creo que ya me desvíe bastante. Así que va siendo hora de terminar esto. Sólo recuerden, los recuerdos deben quedarse como recuerdos.