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  1. Alguna vez he oído decir que alguien es muy colorido o muy cálido. Incluso puedo presumir de haber convivido con gente así. Personas que, por instantes, te hacen olvidar lo malo de la vida. Con una mirada, una sonrisa o una voz, te llevan a otro lugar, a otro mundo.

    Con el tiempo me he hecho a la idea de que todos tenemos colores, los colores del alma. Y que cada uno sobresale dependiendo de nuestro estado anímico. No sé muy bien cuál va con cuál, pero uno podría pensar que el equilibrio se encuentra cuando tienes una gama enorme de colores en tu alma, tantos y tan vivos que incluso puedes hacérselos sentir a los demás.

    Mientras pensaba en todo esto, y en la gente tan colorida que te lo transmite, no pude no pensar en lo opuesto. Gente tan descolorida y opaca, que apenas y la sentimos por ahí.

    Hice un intento por ver dentro de mi y hallar mis colores, pero al ver a mis amigos y familiares, me di cuenta que yo sólo reflejo lo que ellos me transmiten.

    No estoy descolorido, pero definitivamente mi alma es gris.
    a Farya y Wolyo les gusta esto.
  2. Los recuerdos me vienen a la cabeza y no puedo evitar ponerme un poco melancólico. Entonces enciendo un cigarro, miro por la ventana y los hago volver por donde vinieron.

    Quiero decir, no es malo recordar, pero generalmente me deprimo si los dejo andar mucho en mi cabeza. Y, créanme, no puedo darle ni el más mínimo espacio a la depresión, pues cada vez que caigo es más difícil levantarme.

    Escribo esto a las tantas de la madrugada, mientras escucho música y contemplo la oscuridad. Creo que esta es mi parte favorita del día.

    Bueno, creo que ya me desvíe bastante. Así que va siendo hora de terminar esto. Sólo recuerden, los recuerdos deben quedarse como recuerdos.