IntroducciónLuna Carolina Hamilton Los nervios me comerían viva, de eso estaba segura. Solo faltaba dos horas para que la ceremonia comenzara y aún no me había arreglado, ¡histérica era poco decir! Camine al baño, seguida de las mucamas y estilistas que contrate, para poder ver el peinado que me iban a hacer, a través del espejo. Un pequeño rodete, con algunos bucles saliendo de todas partes y algo de brillo fue mi peinado para esta ocasión tan especial; me metieron en el vestido blanco y me calzaron unas sandalias blancas con decorados violetas. Mire en el espejo y la figura que apareció frente a mí, me sorprendió… el corsé se ajustaba perfectamente a mi pecho y las enaguas –miles de ellas- formaban la perfecta caída de princesas, el sueño de casi todas las mujeres. Mi peinado quedaba perfectamente amoldado a ese cuerpo y el velo transparente dejaba a la vista mi rostro. Observe una vez más a las estilistas y les sonreí amablemente, por mi mente pasaron todos mis sueños, cada uno de ellos; y lo que ahora me importaba era que, dentro de poco se cumpliría el mayor de todos: casarme con el amor de mi vida. * * * —Disculpe, señorita Hamilton. Usted tiene que pasar por otra puerta—comunico uno de los encargados de la ceremonia que se llevaría acabó en la iglesia. Lo miré a los ojos, justo cuando él me la esquivaba y empezaba a caminar rápidamente hacia un pasillo, bellamente adornado. Las puertas que había en el camino estaban decoradas armoniosamente con detalles en dorado y marrón, el suelo estaba tapizado por una larga y extensa alfombra carmesí. Los tacones que llevaba puestos no hacían ruido ni molestaban, si así era el pasillo que debía atravesar para llegar a su amado… esto sería la gloria; su sueño hecho realidad. Mire los cuadros que estaban en las paredes, todos ellos mostraban a distintas parejas dando el beso que cambiaría el resto de sus vidas… todas las parejas que hicieron sus bodas aquí precisamente, en cada una de ellas los participantes se mostraba felices y llenas de amor. En cualquier momento la mía estaría junto con las demás. Seguimos el camino hasta llegar a una puerta de un hermoso y delicado marrón, dio vuelta la perilla y me permitió pasar a mi primero. Estaba nerviosa, pronto caminaría hacía el altar… ¡para casarme! Aún no lo podía creer, casarme con alguien como él era difícil –sin mencionar sus cambios de humor tan repentinos-. Puse mi mejor sonrisa, y preparando mi vestido, entre. Esperaba ver a miles de personas removiéndose inquietas por mi aparición, o por lo menos a algunas personas dando vueltas por todos lados avisándome por donde debía salir, pero… esto no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Una pequeña sala, con un televisor y unos sillones. Algunos adornos y más fotos de parejas besándose. ¿Qué tenía que hacer yo aquí? ¿Acaso tenía que esperar a que me busquen? ¿La boda se había atrasado? Esas y miles de interrogantes más se alojaron en mí mente, mientras caminaba por toda la habitación. Me senté en uno de los sillones de cuero negro que se encontraban en el lugar y espere… segundos, minutos, ¡parecían horas! Cuando me paraba para salir de ese cuarto y buscar a alguien que me ayudara, escuche una melodía particular. Di vueltas por todos lados, tratando de encontrar el lugar exacto para saber que provocaba ese sonido particular. No era un micrófono ni una grabadora, no era una persona oculta ni una radio… no, era la misma iglesia. En la misma habitación había una ventana, polarizada de afuera hacia adentro. Con el peor de los presentimientos aflorando en mí ser, mire a través de la ventana. Vi miles de personas sentadas en los típicos bancos de las iglesias, mientras observaban una puerta de roble abrirse al final del pasillo. En el otro extremo lo vi a él, al que era mi futuro esposo, al amor de mi vida… Santiago; con un traje negro y corbata azul, zapatos negros y camisa gris. Estaba perfecto con su cabello hacía atrás y su sonrisa resplandeciente, con sus brazos a los costados y sus ojos iluminados. Suspire, desearía que todo esto comenzara pronto para poder verlo, para poder besarlo como cada vez que lo hacía; como cada vez que él me regalaba un obsequio. Abrazarlo como cuando él me sonreía y me deba tiernas y gratificantes palabras, como cada vez que veíamos el amanecer desde la playa… como cada vez que viajábamos en busca de una aventura –aunque el siempre se quedara en el hotel-. Pero en ese entonces… mire hacia la puerta que se había abierto. Mire hacia la figura que se acercaba poco a poco, la que caminaba lentamente por la alfombra de piel de oso roja. Observe su vestido, su sonrisa, su peinado… sus ojos; eran los mismos ojos que yo tenía hace no más un rato. El mismo que vi en los míos a través del espejo, mientras me ayudaban a ponerme las sandalias… ¡las mismas sandalias que ella tiene puestas, justo ahora! ¿Por qué ella tiene las mismas sandalias que yo? ¡¿Por qué está caminando hacía mi novio?! Esto tenía que tener una explicación, una muy simple y creíble explicación… pero, ¿cuál? Seguí mirando a esa figura caminar lentamente hacía Santiago, mientras sostenía un ramo de rosas rojas en sus manos. No… esto no podía estar pasándome a mí, ¿o sí? ¿Acaso podía estar ocurriendo lo sucede a través de mis ojos? ¿Acaso él…? No, él no podía hacerme esto, ¡no! ¡NO! Las lágrimas comenzaban a surcar por mis mejillas, y el maquillaje se corría, mis manos se cerraban en dos pequeños puños… pero ella seguía avanzando. Gemí de dolor y frustración, me retorcí de agonía y arrugue el vestido a causa del enojo… pero ya había llegado al altar. Golpeé la ventana con fuerza y grité desaforadamente, pero nadie me escucho; caí al suelo de madera lastimándome las rodillas, y el padre comenzaba con el sermón. Sentí como el sonido de la marcha nupcial rompía en miles de pedazos mi frágil corazón. No resistiría más, el dolor era insoportable… levante la mirada y los observe, tomados de la mano, mirándose… acercándose. ¡No! Aún no, ¡por favor!... por favor. No dejen que mis ojos guarden ese momento. Corrí a la puerta de la entrada y empuje, la patee y arañe… pero nada funcionaba, estaba cerrada con llave. Me senté en el piso, agarrando con todas mis fuerzas esas piernas que ya no me servían para huir de este lugar; y pose la mirada en el televisor. Que todo termine… que todo termine… ¡oh! Por favor que todo termine… que me busquen y me dejen libre… no lo puedo ver… no puedo… no… La televisión de plasma, momentos antes apagada, se prendió. Revelando lo que yo más deseaba haberme perdido, eso que nunca hubiera deseado ver en mi vida… el beso. Junto con ese beso, vi mi vida morir ante mis ojos, mis sueños y esperanzas romperse en pedazos ante mis ojos. Ya estaba hecho, nada ni nadie los separaría, ni si quiera yo. Escuche el sonido de un teléfono sonar, a mi lado un pequeño celular se encontraba encendido, y de ahí provenía el ruido. Lo alce y contesté, acercándolo a mi oído. —¿Si?—pregunte, con la voz temblorosa. Cerrando mis ojos con fuerza, alejando esa imagen de mi mente. —¡Luna! Hasta que me contestas cuñadita—ironizo una voz del otro lado. —Tú… ¿quién eres?—mis gemidos eran cada vez más fuertes, y mis sollozos más agonizantes. —Ya veo, no te acuerdas del hermano de Santiago… Pedro—¿Qué? Pedro… ¿Pedro sabía que yo estaba aquí? ¡¿Por qué no me lo dijo?! ¡¿Por qué no me saco?! ¿Qué le había hecho yo? Nunca fui mala con él y menos con Santiago, los amaba a los dos. —De seguro estarás viendo la televisión ahora mismo, o viendo a través de la ventana… por cierto, no te molestes en gritar. Es insonora—eso ya me lo había imaginado—, y creo que estarás algo triste… que pena. Antes de que se me olvide, Santiago me envió un comunicado suyo para vos; y dijo: “Dile que no la quiero, que me casare con Liliana. Alguien que si está a mi alcance.” Y no dijo nada más. ¡Adiós! Y como si lo que me dijo no fuera nada, me colgó. El dolor en mi corazón era sofocante, estaba segura que en cualquier momento me desmayaría; que en cualquier momento moriría. Como si fuera hecho por magia, la puerta a mis espaldas se abrió repentinamente, dejándome libre. Me pare con piernas temblorosas, y con mis brazos flácidos; y como si ese demonio se acercara caminando a través del pasillo… corrí, corrí como si eso fuera lo único que pudiera hacer. Como si ellos se rieran a mis espaldas, burlándose de mí. * * * —¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿Qué hice yo?—mis gritos parecían asustar a todos los presentes, ¿¡pero eso que me importaba!? Lo odiaba, lo maldecía y embrujaba en mi fuero interno. El agujero que había en mi pecho era enorme, juro que caería en el en cualquier momento, que mis piernas ya no me servirían más y que mis brazos ya no servirían para escalar una vez más. Agarre la crema del helado triple de chocolate que me habían traído, y me lo metí en la boca. Saboreé el sabor y volví a llorar desconsoladamente… nadie entendería, ¡nunca! Rompí mi vestido, haciéndolo trizas y ensuciándolo con chocolate. Cuando una mano se poso en mi hombro derecho, sentí una calidez que hace mucho no sentía. —Tranquila…—susurró su voz. Mientras me abalanzaba a sus brazos y estos me abrazaban, otros dos me calmaban. Nunca dejaría que alguien más entrase a mi corazón, nunca lo abriría a nadie más. ¡Nunca! Ese era mi juramento.
Muy bien querida, buen comienzo para la [Obra/original] sin embargo tienes algunos errores ortográficos. Muy bien querida, se acentuan dichos verbos ya que son verbos pasados. Y es obligatoria la tilde de sólo, adverbio que se puede sustituir por solamente, frente a solo, adjetivo masculino que significa ‘no acompañado’, cuando su situación en la frase se preste a una interpretación ambigua; en otro caso es voluntaria: Yo estudio solo/sólo en mi casa. Yo solo/sólo moveré la mesa. Como norma general escribiremos a un solo espacio. Sólo estoy solo por las mañanas. Ellos solo jugaban. Además del dedazo de "faltaban". Reitero lo de los verbos pasado mientras a su vez añado que el "si" es palabra diacrítica. Ten cuidado con su utilización engañosa. Los mismos verbos pasados. Al ser unas preguntas continúas, según tengo entendido yo (y ha dicho Heros) se deben colocar las comas necesarias y el comienzo de la otra en minúscula. Sólo con esas bastará :3 Fuera de ahí: ¡Me gustó! Es realmente bueno. Triste, sin embargo, encantador. Ten cuidado con los aspectos técnicos, mi vida. Buen día. AT: Fer-chan.
No importa cuantas veces lo lea, ¡que cruel!. Me cayó peor Pedro que Santiago, pero ha e ser por que es último no habló. Romper así sus ilusiones, ser tan cruel al respecto, ha sido desplantada, por ponerle algún término. Oh vaya, que curiosidad por saber de quien eran esos brazos, hay que esperar que decide Ane. Vi que, así la introducción no haya sido para eso, sacaste trapitos al sol de Santiago malvado *eso rima*, fue algo tan traumático que sentí mucha impotencia al respecto, que después de tanto te engañen y con eso no ser suficiente, hacerla ver con los sentimientos a flor de piel eso, hacerla vivir a carne propia, viéndolo con los ojos lo que pasa, bien es de cobardes -por no decir lo que de verdad pienso-. Bien, narración, en general me gusta, explicas las cosas, y eso es un derivado de cada tipo de narración; pero con esta misma tienes una leve confusión de tiempos verbales, en un momento narra Luna y en el otro tú, pero no lo avisas como tal por lo que a veces se pierde el hilo de la lectura, o en su defecto hay que leerla otra vez. Acentuación en pasado; miré, lleva acento por ser una acción ya realizada. Bien, sé que falló otro acento por allí, pero no encuentro la palabra e.e Lo que sí, también es en pasado. Creo que usas muchas comas. Podrías en vez de comas usar puntos y seguido. Creo que eso es todo, espero impaciente la introducción de Ane *-* Quiero escribir la mía.
Wow, que alguien me diga, ¿es que yo estoy muy emotiva o esta introducción realmente te hace sentir mal por Luna? Sin duda, -reitero lo que he dicho- ¡ese tipo es un bastardo! Pero, bueno, la crueldad es lo que abundan, no puedo creer que ni siquiera haya tenido el valor de decírselo él mismo, que haya tenido la bajeza de mandar a su hermano a decírselo po teléfono, que poco hombre, que cruel. Ya lo técnico te lo han remarcado, y a KaI, ¡ya quiero escribir la mía! xD
Sara Isabella Brandon Brown [Día después del incidente de la boda, en el departamento de Luna] Abrazó con fuerza a su amiga, sintiendo como su corazón se estrujaba al verla en aquellas condiciones. La impotencia y la rabia recorrieron su cuerpo, ambos sentimientos mezclados con un intenso dolor. Otro amargo y fuerte sollozo se escuchó en la habitación; Luna aún no se calmaba. La miró: destrozada, llorando como una magdalena, y no pudo más que apretar los puños y los dientes con fuerza, a la vez que por su mente cruzaban mil y un torturas para vengarse del mequetrefe de Santiago. Respiró profundo, intentando calmar la ira. ¿Cómo había podido aquel desgraciado hacerle eso a su Luna, que era tan maravillosa, que no había hecho más que quererlo con todas sus fuerzas? ¡Rayos! No se lo explicaba. Su amiga era fabulosa. Era un idiota, y las pagaría; lo que había hecho no tenía perdón. Ya se lo imaginaba gritando de color cuando ejecutara la segunda de sus torturas… El sonido de su celular interrumpió sus maquiavélicos pensamientos. Se soltó un poco del abrazo de Luna y atrajo su móvil –que estaba puesto en la mesa de noche que tenían a un lado- hacia ella. Observó la pantalla e, inevitablemente, sonrió enamorada: Era Leonardo. Miró fijamente a su otra amiga y le mostró el celular, para que viera lo que le había escrito su chico. Esta le devolvió la mirada, con un poco de diversión malvada. —Por favor… —susurró suplicante. Adoraba a Luna, vaya que sí, pero estaba clara en que nada de lo que dijera la haría sentir mejor, además de que la chica llevaba rato gritándoles que la dejaran sola. Quería verlo… Lo necesitaba. Gimoteó en tono de voz baja mientras su mirada seguía fija en Paula. —Lárgate —rió la chica de cabello rizado. Extasiada soltó un pequeño chillido seguido de un brinco, separándose de Hamilton. Esta la miró con un puchero y los ojos aún llenos de lágrimas. Sara la miró avergonzada y un tanto arrepentida. La chica tan sólo rodó los ojos y bufó, mientras se abrazaba a su otra amiga y comenzaba a sollozar de nuevo. La joven dudó entre irse o quedarse. Miró de nuevo su celular… Afortunadamente, Paula notó su indecisión y le sonrió para tranquilizarla. -Vete tranquila –le dijo- No hagas esperar a Leo –insinuó guiñándole un ojo. Sara sonrió sonrojada, y aún cuando no estaba completamente convencida entre si sería lo mejor o no, tomó las llaves de su auto y caminó hacia la puerta, no sin antes acercarse hacia Luna, abrazarla y prometerle que le traería más helado de chocolate al volver. Cruzó la puerta y la cerró con llave, para luego comenzar a caminar hacia el ascensor. Oprimió el botón planta baja y miró el techo mientras este bajaba. Por su mente pasó repentinamente una idea. Y sonrió con picardía mientras su mirada descendía hacia su celular. Se mordió el labio, decidiendo entre si hacerlo o no… Debatió mentalmente unos minutos, y finalmente se decidió: Lo haría. Marcó el número de su novio y esperó a que contestara. —¿Aló? —respondieron al otro lado del teléfono. —Cielo… Lo lamento, no podré ir a verte —mintió, intentando que su voz sonara lo más triste y convincente posible. —¿Qué? ¿Por qué? —interrogó el chico receloso. —Eh… Es Luna, está muy mal, no puedo dejarla sola —dijo, mientras el recuerdo de su mejor amiga la hacía sentir un poco culpable. —¿Y por qué no la "cuida" Paula? —preguntó. Sara lo imaginó con los labios torcidos y el ceño fruncido en gesto de fastidio. Tapó su celular con su mano, para que no se escuchara la risita que había escapado de sus labios. —Lo lamento, amor —se disculpó intentando controlar las carcajadas que luchaban por salir de su boca—Pau tuvo que salir, surgió un inconveniente. —Bien… Será luego —suspiró él. —Lo prometo. Te quiero, adiós —se despidió divertida y extasiada. —Yo también —contestó seco— Hablamos luego. Y cortó. Sara rió levemente, feliz con su travesura. Le daría una sorpresa. Las puertas del ascensor se abrieron y ella salió. Caminó hacia la entrada del edificio, sacó las llaves de su bolso, y la abrió. Luego se dirigió hasta su auto y se montó en él, sonriendo risueñamente, a la vez que imaginaba la cara de su novio al verla llegar de sorpresa a su departamento. Inevitablemente volvió a reír. ¡Sería divertido! ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Estacionó el coche al frente del edificio, abrió la puerta y salió de él. Mordió su labio excitada, y corrió hacia la entrada. Tomó la copia que le había sacado a la llave de su novio sin que él supiera. Recordó aquella vez en que él se había negado a darle una por más que ella le insistió en que sólo para emergencias. Al final, en un descuido suyo, la había mandado a hacer. ¿Se enojaría?... Probablemente, pero realmente le daba igual en ese momento. Llamó el ascensor y esperó a que este bajara, luego entró en él y marcó el piso 13. Este ascendió hasta el mismo y ella salió de él. Caminó hacia el departamento de su chico y abrió silenciosamente la puerta. Se asomó con cuidado y dejó escapar una risita. La sala estaba desolada. La desconcertó un poco, pero seguro estaba durmiendo. Cerró la puerta tras de sí y comenzó a caminar casi que de puntillas hacia la habitación. Comenzó a abrir lentamente y se preparó para gritar un animado ‘¡Sorpresa!’… Sin embargo, al entrar, la sorprendida fue ella. Todo pasó muy rápido. Miró con los ojos abiertos como platos a su novio, que se revolcaba en su cama junto con una chica de cabellos rubios Estaba horroriza. Un grito escapó de sus labios. La pareja se percató de su presencia. Leonardo se separó rápidamente de la muchacha que se tapó con las sábanas, mientras intentaba cubrirse con una almohada en sus partes íntimas. —¡Sara! ¿Pero qué haces aquí? —preguntó sorprendido, nervioso, arrepentido… Miles de emociones parecían cruzar por la cara del chico— ¡Esto no es lo que parece! —intentó arreglar. La chica tan sólo sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas de ira, de dolor, de decepción. —¡Eres un maldito! —gritó histérica— ¡¿Cómo rayos pudiste?! —chilló con la voz quebrada. Él intentó acercarse a ella, pero esta lo alejó, empujándolo. —¡No me toques, me das asco! —escupió con rabia y se dio media vuelta, mientras comenzaba a correr hacia la puerta. ¡Necesitaba salir de ese lugar! No lo soportaba un momento más. Se sentía enloquecida. El chico la persiguió aún cubriéndose con la almohada, pero ella fue más rápida y le estrelló la puerta en la nariz. Oprimió con desesperación varias veces el botón del ascensor. El alivio que sintió cuando este se abrió fue inexplicable. Una vez dentro de él se echó el cabello para atrás con nerviosismo; sus manos temblaban. Su maquillaje estaba corrido… Toda ella estaba hecha un desastre. Las puertas del ascensor volvieron a abrirse y ella salió, para luego correr a la puerta y salir del edificio. Entró a su auto y comenzó a manejar, intentando aclarar su mente. Era peligroso, lo sabía. No estaba en sus cabales. Pero realmente no le importaba. Pisó el acelerador y se paró en una panadería que encontró en el camino. Se bajó y haciendo caso omiso a las personas que estaban delante de ella le ordenó hostilmente al joven que la atendió que le trajera todos los potes de helado que tuviera. Él la miró sorprendido, mas no replicó. La acompañó hasta su auto cargando los kilos de aquel dulce frío. Ella pagó, se montó en el vehículo y arrancó como loca. Así se sentía. Condujo hasta el edificio de Luna, se bajó del carro tomando las bolsas de helado y caminó con expresión dura hasta la puerta. Subió en el ascensor y corrió hasta el departamento de Luna. Abrió la puerta lentamente y caminó hacia la habitación. Al entrar, sus amigas la miraron y sus ojos se abrieron como platos. —¡Sara! —chillaron al unísono. —¡¿Qué te pasó?! —preguntó Paula exaltada. —¿Estás bien? —interrogó Luna preocupada. —No… —susurró, soltó las bolsas con los helados y se dejó caer de rodillas rompiendo en llanto. Ambas jóvenes corrieron hacia la chica. Hamilton la abrazó, mientras la chica de cabellos rizados intentaba calmarla y le preguntaba qué había ocurrido. —¡Me engañó! —gritó histérica, a la vez que sollozaba con fuerza— ¡Todo el tiempo que hemos estado juntos no le valió de nada! Ambas amigas se miraron atónitas, y no atinaron más que a abrazarla fuertemente. Parecía como si el alma de la chica se desgarrara con cada sollozo. Lloró un buen rato, y cuando finalmente se cansó, quedó en un especie de trance. Todo quedó en silencio. —Quise darle una sorpresa… —susurró con voz vacía—y la más sorprendida resulté ser yo. Irónico. Le había salido el tiro por la culata. Comenzó a llorar de nuevo. No volvería a ser la misma de antes; jamás.
OMG! Aneiina, que capítulo tan intenso, ¡pobre Sara! Realmente debió llorar lágrimas amargas. ¡Ese tipo es una desgraciado sin duda! ¿Cómo pudo decir "esto no es lo que parece? ¡Es un canalla! Sara, tan enamorada que estaba, ahora Paula no tiene que cuidara a una, sino a dos de sus amigas con el corazón roto. O: Referente a lo técnico vi algunos detalles, pero, seguro Fer es más adecuada para remarcar eso. Cuídate. Un beso.^^
Aww! Esposa, me encantó la conti. El dolor que ese desgraciado le produjó a Sara, esa estúpida mentira de "no es lo que parece" ¡¡arrg!! ¡lo odio! Encontré uno que otro error, como por ejemplo: en una parte que pusiste "Ya se lo imaginaba gritando de color..." en vez de poner "...dolor...". El resto se lo dejó a Fer que ella lo hará mucho mejor. Atte Kyoko Cullen
Lol, me dejan técnico y yo ya no sé nada :3 Hola, Aneiina vaya forma de comenzar este comentario ¿verdad? Adsf~ ¿Cómo estás?, ¿te ha ido bien en la escuela, cariño? Espero que sí. Bien, mis ganas para remarcar cosas técnicas es mínima, sin embargo, lo haré. 1° a) Remarqué la "e" y el "guión" porque estéticamente no deberías dejar espacios entre ellos :3 2° a) Guión largo. b)Remarqué la "a" y el "guión" porque estéticamente no deberías dejar espacios entre ellos :3 c) Añadí el "punto (.)" puesto que si comienzas con mayúscula debe haber una razón antes de haber seguido así :3 3° a) Lo mismo, querida. No debe de haber espacios. b) Si son preguntas continúas deben de llevar "coma (,)" para así la siguiente comience en minúscula. 4° a) Lo mismo, querida. No debe de haber espacios. b) A mi consideración, el "será" quedaría mejor así. c) El punto :3 5° a) Lo que dije en un principio, amore. Son continúas las expresiones lo mejor es colocarlo así. b) El punto :3 c) Cuidado con las separaciones. 6° a) Cuidado con las separaciones. b) El punto. Ñhém, eso es todo ;w; Me gustó, ahora tengo una cierta ¿cómo decírlo? Hm..., enojo hacia Leonardo. Muy buena narración y manejación de sentimientos, Aneiina. Adsf, esperaré el siguiente :3 Buen día. AT: Fer-chan.
Hola~~ ¡Aquí mi parte! *O*. Espero les guste. ^^ A mi fascinó. Es largo, mucho, lo admito, me gusta abarcar varios puntos. [Día de la boda]Introducción.Paula Johana Gonzales. Paula se sujetó el cabello en una cola mal hecha mientras tomaba un sorbo de jugo de naranja. Oyó su teléfono sonar y dejó que cayera en el buzón de voz, no escuchó lo que decía. Se colocó apresuradamente sus zapatillas y bajó su bata de la parte superior de su ropero. Presurosa atajó una tostada de pan mientras se la llevaba a la boca, agarró su pequeña libreta de notas y la lanzó en su bolsa. ―¿Qué es esto? ―Alzó el pequeño sobre del suelo, un poco pisado. Seguramente de anoche cuando fue directo a su cama. Lo abrió torpemente con sus llaves. Una vez abierta y leída la carta lanzó un gemido de culpa. ¡Era tan descuidada!, pero no era su culpa que, justo hace un mes su tía hubiese enfermado. Igualmente, eso no le quitaba el peso de responsabilidad. Eres cordialmente invitada a la unión en santo matrimonio de:Santiago Maximiliano López&Luna Carolina Hamilton.La ceremonia se llevará a cabo en la iglesia de la ciudad a las 17:00 hrs, el día 12 de Abril del presente año.Esperamos su asistencia. Suspiró y se armó de valor. Tomó el teléfono y le marcó a Julia ―su secretaria―, esperó a que contestara y le saludó. ―Julia, hola querida. Eh…, ¿cómo te lo digo? ―Se rascó la cabeza buscando una respuesta. ―Señorita Paula, espero que la haya pasado bien en su viaje y la mejora de su tía. Por lo de la boda y esas situaciones, me tomé la libertad de mover sus citas para el lunes ―Paula se alivió. ―¡Eres un sol Julia!, ¡te quiero! ―exclamó feliz. ―Lo sé señorita ―Julia sonrió, se le olvidaba lo infantil que llegaba a ser su jefa con algo que le gustara―. Por cierto doctora, le han asignado un abogado para la separación de bienes, sé que es pronto pero… ―Debo ir. Lo sé ―completó―. Dame su número y por favor mándame la nueva planilla de medicamentos al correo ―Anotó lo que Julia le decía. Tenía que aumentarle el sueldo pero no sabía cómo. Volvió a tomar todas sus cosas con más tranquilidad esta vez, las mañanas siempre eran caóticas para ella. Tocó el interruptor de la luz y la apagó cerrando la puerta de madera detrás de sí. ―Bueno Paula, si no te vuelves loca por los zapatos, pasa a una librería ―sonrió, con lo último se le habían alumbrado los ojos. Dentro de la pequeña pieza, sobre el buró de la cocina descansaba el teléfono con la diminuta luz roja titilante. Y empezó a sonar, y otra vez y otra vez, hasta que cayó en la contestadora. *** Le agradeció a Sara por el vestido y sonrieron al verse, estaban conjuntadas. Los zapatos perfectos ―sin nada de tacón―, y habían hecho un milagro con su cabello. Dieron su mejor puntapié al suelo, tenía que salir perfecto, por Luna: se lo merecía. La iglesia estaba perfecta, los detalles en dorado y marrón armonizaban. ¡Deseaba ver a Luna! Debería estar hermosa. Al entrar al recinto las mandaron justo en la primera fila, con amistades de la novia. Paula vio como Brandon alzaba una ceja, bien lo admitía, nunca había ido a una boda pero por la cara de Sara sabía que ellas no deberían estar allí. ―Disculpe joven deberíamos estar con la novia, no aquí ―reclamaba la castaña. ―Lo siento señoritas pero hubo un pequeño cambio de planes, sólo los estilistas pueden estar con la novia ―serenó el joven con una afable sonrisa. ―Pero… ―Nada de peros lindas, así lo dispusieron ―interrumpió Pedro, el hermano de Santiago. Las chicas se sentaron de buena gana, no les valdría de nada arruinar el día, era de Luna. Paula hizo un pequeño puchero descontenta y Sara rió por ello. Esperaron cuando mucho media hora, Santiago lucía radiante con el traje negro, su corbata azul y la camisa gris. Tenía los ojos iluminados. ―Debe de estar ansioso ―susurró la castaña. ―Debería estar nervioso ―replicó con tono bajo Paula. Sara le miró―. ¿Qué? Eso dicen, que debe estar nervioso, está muy tranquilo ―dijo y cruzó las piernas. Otros cinco minutos y la marcha nupcial dio inició. Voltearon el rostro y el mismo se les desencajó en cuanto vieron a la chica que entraba ¡Esa no era Luna!, ¿dónde estaba ella?, ¡era su boda! Ambas miraron en seguida al frente y se irguieron en sus asientos. ―¿Dónde está Luna? ―preguntó con los dientes apretados Brandon mientras se sacudía las manos de los guardias. ―El joven dijo que habían unos pequeños cambios de planes, y así es ―Las chicas querían escupirle en la cara a Pedro, pero los hombres que las habían sentado las tomaron firmemente de los brazos―. Escóltenlas a la salida. ―Son unos miserables, créanme que algún día esto se les devolverá, algo llamado karma ―escupió Sara. Por su mente pasaban ideas no muy claras, las pagarían caro. ―Sara, no gastes saliva con animales de esta calaña, no valen la pena ―musitó Paula en su oído, si una tenía que mantener la calma sería ella, por ahora ―Vamos, así buscamos a Luna. Las llevaron por una puerta trasera hasta afuera. Casi las lanzaron y ellas bufaron un improperio ante esto. Esperaron fuera, se dirigieron hasta sus autos a esperar. Cuando sonaron las campanas se despertaron de su ensoñación. Ambas se alzaron rápidamente en cuanto vieron el auto de Sara salir disparada. Se observaron, la única que tenía copia de las llaves era… ―¡Luna! ―gritaron ambas y subieron en el auto de Gonzales. Luego de haberse atascado en tres semáforos llegaron al café. Escucharon un llanto desde fuera y no duraron en entrar. Buscaron con la mirada a su amiga, no fue difícil encontrarla: era la única con un vestido blanco. ―Tranquila…―susurró Paula tocando levemente su hombro. Hamilton se lanzó a sus brazos despedazada. Luego de un rato de haber pagado todo, Sara prometió llevarla hasta su casa mientras Paula iba a la propia, por el trabajo. Intentó en vano convencerla de que no era necesario, pero fue imposible. Se despidió con todo el dolor posible y marchó a su casa. Una vez frente al edificio metió el carro con desgana y subió hasta el quinto piso. Ya dentro de su pieza lanzó un gemido… ―¡Ah! ―Se dejó caer en el sofá y se quitó los zapatos, cansada. Torció el gesto y alzó la vista. La luz de la contestadora titilaba insistentemente. Se estiró un poco y salió del sofá, caminó con dirección a la cocina y se tropezó con el velador de la sala. Se quejó por lo bajo y entre saltitos llegó a donde estaba el teléfono, oprimió el botón: «Tiene un mensaje nuevo: ―Señorita Paula Gonzales, llamo de la firma que contrató. Para el 14 de este mes ésta citada para realizar la separación de bienes, se le ha asignado un abogado: Lenher Dennis. Se le agradece llamar un día antes para confirmar…» Y allí estaba el irritante sonido. Refunfuñó algo incoherente sobre los abogados y fue a la cocina, se balanceó en un pie mientras abría la nevera, tomó un poco de jugo de naranja y fue a su habitación. Se aseguró de poner el despertador temprano. *** Allí estaba. Miró como Sara intentaba controlarse, quizás pensaba en muchas maneras de torturar al ‘príncipe’. Sonrió un poco mientras le daba otro pañuelo a Hamilton. Eran buenas amigas y si, harían lo que fuera para protegerse, pero, tenía que pensar claramente por un momento, por más que quisiera estrellar al señorito contra el concreto del suelo, tenía que relajarse. Luna estaba despedazada, ¿quién no lo estaría? Si algo así le pasaba… bien, no sabía ni cómo reaccionaría; y Brandon, bueno, ella en esos momentos tenía instintos asesinos. Al menos hasta que sonó el teléfono y leyó el mensaje. ―Por favor…― susurró suplicante. Los ojos se le iluminaron a la chica, estaba enamorada, como ella…y como debió estarlo Luna, eso le dio mala espina. Pero bueno, era extraño en ella dejarse llevar por instintos. Observó la mirada suplicante de la joven: ―Lárgate ―accedió risueña. Brandon fue hasta la puerta, la vio con la culpa en los ojos y alternó su mirada a Hamilton que rodó los ojos y la abrazó, empezando a sollozar de nueva cuenta, le palpó la espalada y miró la duda implantada en el semblante de la castaña. Sonrió. ―Ve tranquila ―dijo―. No hagas esperar a Leo ―insinuó, guiñando un ojo. Oyó la puerta cerrarse y los tacones de su amiga alejarse por el pasillo. Observó como la joven en sus brazos se revolvía un poco, y roncaba… Paula rió por lo bajo y le dedicó una sonrisa maternal, ese tipo la había lastimado y mucho. Una vez acomodada la chica en la cama, botado todos los pañuelos y potes de helado, se sentó en la silla del escritorio y le marcó al abogado. ¿Cómo era su nombre?. ―¿Aló?, soy Paula Gonzales. Ayer me notificaron que… ―Es un caso de separación de bienes…un acuerdo prenupcial si no me equivoco ―Se escuchó por el celular. ―Sí, eso deseo, ¿quisiera saber si… ―Señorita Paula, estoy ocupado, ya confirmó, lo que me agrada. Por favor las preguntas para mañana a las seis de la mañana, leeré lo que me envió. Gracias por llamar ―Y colgó. Cerró y abrió la boca como un pez fuera del agua. ¡Qué seco! Infló los cachetes inconforme y miró el teléfono. «A las seis de la mañana» Meditó, ¡era muy temprano!. Se masajeó las sienes, necesitaba buscar paciencia, no explotar justo cuando su amiga la necesitaba. Se levantó de allí, rebuscó en su cartera, sacó una hoja arrugada y volvió a la silla giratoria, al menos leería la planilla de medicamentos que Julia le envió, debía hacerlo. El lunes tenía consulta. Se dio por vencida ya pasada hora y media, ¡no se le grababa nada!. Volvió a meter el papel arrugado en su bolsa y se dio cuenta que Luna estaba en el baño. Se estiró un poco y tocó la puerta. ―¿Necesitas algo?, ¿estás bien? ―Como respuesta obtuvo una negación y se dispuso a acomodar un poco la cama. ―¿Qué estudiabas?, ¿no te cansas? ―indagó con los ojos llorosos. ―Que va, todos los días se aprende algo nuevo, pero este no es mi día, nada me quedó de la lectura ―frunció el ceño mientras se sentaba de nuevo en la cama, con Luna a su lado. Escucharon pasos cerca y se miraron. Cuando la puerta se abrió la imagen que vieron no era nada linda: Sara, con el maquillaje corrido y despelucada. Preocupadas se acercaron. ―¡Sara! ―exclamaron al unísono. ―¡¿Qué te pasó?! ―preguntó Paula exaltada. La miró, no estaba bien. Destrozada, dolida… Negó con la cabeza, no a ella, no a otra de ellas. ―¿Estás bien? ―interrogó Luna preocupada. ―No…―susurró la castaña soltando las bolsas. Se desplomó de rodillas en el suelo, rompiendo en llanto. Ambas chicas corrieron hacia la joven. Luna la abrazó, mientras la morena intentaba calmarla y le preguntaba qué había ocurrido. ―¡Me engañó! ―gritó histérica, a la vez que sollozaba con fuerza―, ¡todo el tiempo que hemos estado juntos no le valió nada!. Hamilton y Gonzales se miraron atónitas y lo único que atinaron fue a abrazarla. Luego de un rato, en que parecía que el alma se le iba en las lágrimas, se quedó callada repentinamente , como en trance. ―Quise darle una sorpresa...―susurró con una voz vacía―, y la más sorprendida resulté ser yo. Se quedó callada y sus amigas la acunaron en sus brazos. Hamilton empezó a sollozar en silencio, pero luego se hizo más sonoro. Seguramente estaba recordando. A Gonzales se le empañaron los ojos, se sentía tan impotente, el corazón lo sentía chiquitico en su pecho…Sus amigas tenían el corazón roto y eso le dolía demasiado. Estaría con ellas todo lo que necesitaran, decidió. *** Estuvo hasta altas hora de la noche anterior con sus amigas, no se fue hasta que hizo que ambas prometieran quedarse allí, Sara en esas condiciones no podía salir, estaba delicada, es más: le había venido el período. Prometió llegar a casa de Luna en cuanto se desocupara con el abogado Lenher ―por suerte anotó el apellido―, y con una gran tanda de helado para cada una. Pisó levente el acelerador, iba diez minutos tarde «Qué raro» Ironizó. Se maquilló levemente en uno de los semáforos; en otro le marcó a sus amigas. De forma casi autoritaria les dijo que no fueran a trabajar, no así. Ellas accedieron, y justo cortó la llamada al llegar frente al edificio. ―Es ahora o nunca, luego de esto podrás casarte ―Se le hizo un pequeño nudo en la boca del estómago pero seguro era la emoción. Caminó decidida hasta las puertas, la abrió tímidamente y entró. Había mucho movimiento. Varias personas de traje caminaban de allá para acá, con papeles importantes en las manos, otros tomaban un café mientras hablaban por teléfono. Se sintió insignificante con su blusa color lavanda y sus pantalones de vestir negros. Sin tacones. ―¿Señorita Gonzales? ―llamó una chica con un vestido ejecutivo, ella asintió―. El licenciado Lenher la espera. Y por favor ignore a los policías. Alzó una ceja «¿Policías?». Agarró más fuertemente su cartera y se puso detrás de la chica que la guiaba. Paró en un pasillo en cuanto vio una corta melena rubia oscura sobre un cuerpo alto, de traje azul marino; muy conocido para ella. Se le iluminaron los ojos. ¿Qué hacía allí su Terry?. ―Señorita, pase ―indicó la amable chica. ―Deme un minuto ―pidió y fue hasta donde vio que la figura de su novio se perdía. ―¡Terry! ―musitó en cuanto lo vio. El volteó enseguida con el ceño fruncido, odiaba ese apodo. Sonrió tímidamente en cuanto se acercaba. Un policía le impidió el paso y quiso preguntar por qué. Antes de abrir la boca vislumbró como una despampanante chica se acercaba hacía su Terrence y le besaba en la boca. Él la alejó un poco mientras la abrazaba por la cintura, musitando un: «No en público» La chica sonrió bobamente mientras a Paula los ojos se le abnegaban en lágrimas que no dejaría salir. ¿Cómo?, ¿acaso era una maldición para ellas?: que le pisotearan el corazón. Quiso ir y armar una escena, algo no propio de ella. ¡Pero él la estaba viendo, susurrando un patético «Lo siento», con los labios un poco rojos por el maquillaje de quien se le arrejuntaba en un costado!. Pisoteó fuertemente, conteniendo la rabia. Bufó algo y aún con el policía en medio se acercó a la feliz pareja. ―Terrence Josué White, me debes una explicación ―escupió. Se percató de cómo la chica a su lado la miraba y reía―. Y tú, ¿de qué te ríes niña? ―White se pasó una mano por la cara y asió hasta sí a la otra chica. ―No digas nada ―musitó en su oído. ―No le ordenes, la niña tiene boca, puede responder solita ¿no? ―Le miró retadoramente, que se atreviera a contradecirla, porque allí si armaría una pelea y de las grandes. ―¡Já! Me río de lo tonta que eres, mi Terry no se va a casar contigo ni nada. Si no me crees pregúntale a tu abogado, además, nunca me lo atendías ―Y se le pegó como una lapa. Paula respiró profundo, quería gritar, maldecir, romperle la cabeza a ese idiota sin corazón ¡Ni había dicho nada!. ―¿Es cierto? Sólo responde eso, y no me veras nunca más ―arrastró la palabras con dolor―. ¡Responde! ―exigió con una lágrima rodándole por la mejilla. ―Pau, yo… Lo lamento. No te amo, si te quiero, pero como a una hermana ―Se lamentó mientras el dolor se implantaba en su cara. No te amo, no te amo…Esas palabras eran como un cincel y martillo, que taladraban su corazón. ―¿Me quieres? Me alegra que me quieras, sino, ni me imagino cómo me tratarías si no fuera así. Te odio, ten eso claro…Pobre de ella, tratar con alguien tan déspota y poco humano como tú. Lárgate de mi vista White ―Las lágrimas luchaban por salir pero no permitiría que su cuerpo le diera el gusto a ese. Él se apartó y ella le miró con ira contenida. No dejaría que la viera por el piso. Lamentándose de haberlo amado con todo su corazón. ―Disculpe señorita, pero usted tenía una cita conmigo, sobre una separación de bienes ―reclamó un chico alto, con cabello rubio y ojos azules. Paula le miró y luego al nombre en una etiqueta. ―Lo siento joven Dennis, pero creo que ya no necesitaré de sus servicios, gracias y disculpe las molestias ―Cuando iba a dar media vuelta e irse, el abogado habló. ―Por favor oficiales, arresten al señor White ―La mirada a la ‘pareja’ se le descompuso y a Paula un mal presentimiento la invadió―. Los cargos serían estafa al banco y a la cuenta mutua que tenía con la Doctora Gonzales. Mientras se llevaban a Terrence, Paula quedó muda. ¿Estafa?,¿a ella?, ¿cuenta mutua?. ¡Oh por Dios! Era un mal nacido con todas las palabras. Ese era el dinero de sus padres, de sus fallecidos padres. Se llevó las manos al rostro, meditando. ―Por favor, Licenciado, necesito tiempo. Sé que es su caso pero, no estoy bien ―pidió con los ojos llorosos. Dennis quiso decirle que no, pero simplemente no pudo. ―La espero mañana temprano. Supongo que querrá que este en la cárcel. ―No soy una mujer vengativa señor Lenher ―Mentira, ahora quería venganza, y sólo ella podría ejecutarla. *** Una vez en el auto se desplomó, dejó que las lágrimas cayeran, que la sensación del engaño e insuficiencia la corroyera. Como cuando pones la mano al fuego y ésta lentamente se calienta hasta quemarse, justo ahora ella se había quemado. ¡Usada, pisoteada, quemada, tonta enamorada y la cereza del pastel: estafada!, ¿acaso algo se podía agregar a eso?. Un trueno sonó y empezó a llover. «¡Genial!» Se quejó en su fuero interno. Una vez que las lágrimas dejaron de salir a borbotones se dispuso a manejar, con calma, no quería terminar aplastada ―literalmente―, en su auto. Encendió el motor con un ronco ronroneo y emprendió marcha al café y luego a lo de Luna. Llegó a la entrada de la casa de la Hamilton, estaba segura que allí estarían, viendo novelas de amor que terminaba en desamor. Torció el gesto, tenía que llegar un poco compuesta, no destrozada, así se sintiera de esa forma. Abrió y entró. ―¡A atibórranos de pastel de chocolate y películas de mala calidad! ―exclamó alzando las bolsas. ―¿Pau estás bien? ―preguntó Brandon, su amiga estaba con el gesto extraño. ―Es cierto, tienes los ojos opacos. ¡¿Acaso un paciente?! ―exclamó Hamilton alarmada. Nunca antes Gonzales había perdido un paciente pero podría ser la primera vez. La chica de cabellos rizados sonrió con desgana y el gesto se le descompuso. Se lanzó a la cama boca arriba y dejó que las lágrimas volvieran a escurrir, por hoy sería débil. Las chicas se alarmaron y temieron lo peor. Hoy era la separación de bienes por lo que… ―¿Qué te hizo ese mal nacido? ―indagó colérica Brandon. La chica de mechas entendió el mensaje y le pasó unos pañuelos. ―¿También a ti? ―preguntó. ―Si… la verdad, me sorprendió verlo. Pero no sé si eso me duele más o que me haya estafado el muy infeliz ―dijo bajo y prorrumpió en llanto―. ¡Estaba muy feliz con otra pegada a su cintura, en público!, es más me dijo “Lo lamento” ―Le citó con una pobre voz de hombre―. Diciendo que me quería. De verdad que...no me lo esperaba, no así ―Se sonó la nariz. Vio como a sus amigas se les nublaba la vista, arrugó el entrecejo ―No, no, no y no. Chicas, somos fuertes ¿bien? ―Les animó con unas lágrimas, como dolía. ―Lo somos pero… ―Por un día podemos ser débiles ―completó Luna. Paula sonrió: un día. No era mucho. Lo necesitaban, asintió y se limpió la lágrima que escurrió por su mejilla. Tomó el pastel, lo cortó y le dio a cada una. Luego de un rato, donde los pañuelos caían al piso la chica de rizos habló: ―¿Sara? ―La llamó mientras jugueteaba con la cuchara de plástico―, creo saber cómo hacer para sentirnos mejor aplicando tus ideas. La chica le miró interrogante, pero al ver su expresión sonrió. Ya sabían que harían, pero tomaba tiempo. Las tres juntaron sus manos en el centro y se miraron con ojos rojos y llorosos. ―¿Hacemos una promesa? ―ofreció Brandon. ―¿Cuál? ―preguntaron las otras al unísono. ―No dejemos que nos pisoteen, valemos mucho. Se miraron y sonrieron, era una promesa que no romperían, se cuidarían la una a la otra así la vida se le fuera en ello. Si eso era una maldición para las tres, o si era cosa del destino; lo superarían, juntas. ―No me siento bien ―dijo una pálida Sara. Las chicas se miraron, Gonzales se acercó a ella; sorprendida la atajó y la acomodó en la cama en cuanto se desvaneció. Hamilton fue rápido a buscar alcohol para despertarla mientras Paula le tomaba el pulso, a ella nunca le había pasado eso cuando tenía el período. ―Llevémosla a la clínica para unas pruebas, tengo un mal presentimiento ―musitó la doctora. * * * * * * * * 3528 palabras. N/A: Espero no haya sido aburrido. Y no haberme ido por las ramas. Aspiro no haber cometido Ooc con cierto abogado, me costó tomarlo, pero tenía que hacerlo. ¡No me maten por ello! (¿) Intente colocar algo de una de las fichas, Ane, espero esto ayude. ^^ ¡Te toca GeMonst! :* Lamento algún error no detectado de mi parte.
¡Arrrg! Como odio a los malnacidos que lastimaron a mis amigas, aún el ex de Pau -aunque la quiera como a una hermana-. ¡Dios! si eso era amor fraternal, ¿cómo no dejó a su familia en la calle? Noté uno que otro error ortografico, como algunas palabras que no iban en ese lugar o cosas por el estilo. Nada importante, y como ya dije en otro lugar; adoro tu forma de redacción y como llevas las cosas. Quiero ver como lo hara mi onee-chan, estoy impaciente. Atte Kyoko Cullen
Me voy a cambiar el nick, nadie lo escribe bien, jum, es Gemonts, no Gemost. BUeno a la historia, gemelita, consideraría tu escrito de todo menos aburrido. Me ha encantado, definitivamente magnifico. ¡Ese mal***** d Terrence! Y para colmo planeaba estafarla, ja! Menos mal llegó mi hermanito al rescate!! YO que ella lo dejo sin nada, preso, y ash! Y esa bendita rubia sin cerebro, es una idiota! Me gustó la promesa, sin dudafue unbuen toque, ahora, lo de Luna sí que me sorprendió,¿qué estás tramando ocurrente gemelita perversa? Ahora me toca a mí, espero hacerlo al menos la mitad de bien que ustedes.
Shane Neithan Lawrence: Me quedé anonado viendo la nieve caer tras el cristal, manchando con su fría hermosura la ajetreada ciudad. Cómo me gustaba ver la nieve, me recordaba a los días de mi infancia, siempre me ha gustado mi ciudad natal, es hermosa e imponente. Me volteé al escuchar cómo se aclaraban la garganta a mi espalda para llamar mi atención. —Disculpe, Señor Hamilton —me disculpé con educación—, estaba distraído, ¿no le parece un fenómeno hermoso? —Lo es, desde luego lo es —asintió dándome la razón. —Bueno, dejaré de divagar y me centraré en el trabajo. ¿Puede explicarme? Tiene toda mi atención. —Muchas gracias. Es muy simple tu trabajo, hoy, en la tarde mi familia organiza una pequeña reunión, para tomar el té. Realmente es una formalidad para hablar de cosas más interesantes. Pero, será publicada en la prensa, así que, luego de ver varios de tus trabajos nos gustaría que fueras el fotógrafo. ¿Aceptas? —Por supuesto, sería todo un honor trabajar para usted —acepté sin miramientos, sin duda esto impulsaría mi carrera y le daría renombre. —El evento comienza a las 3:00pm, pero, necesito que estés aquí un poco antes, para que fotografíes todo. Y también la llegada de nuestros invitados. Después de acordar el pago, la mitad por adelantado, y una que otra instrucción, me fui a mi pequeño apartamento en el centro de Londres. No quería decirles a mis padres que estaba en la ciudad, pues, no se quedarían quietos hasta hacerme asistir a algunos eventos, cosa que quiero evitar a toda costa. Me di una buena ducha de agua tibia y sentí todos los músculos relajarse encantados, suspiré, no puedo negar que me encanta disfrutar los placeres de la vida. Me vestí y cociné antes de salir de casa para la reunión. Al llegar a la imponente mansión de la familia Hamilton, fui recibido por uno de los mayordomos y me hicieron pasar dónde el señor Hamilton me esperaba. —Buenas tardes —le saludé educadamente. —Buenas tardes, joven Lawrence. Primero, fotografíe todo el lugar, el jardín, las mesas, la decoración; un poco rápido… antes de que comiencen a llegar los invitados. Asentí y acaté sus órdenes, era realmente un lugar hermoso y las fotografías cobraban vida propia. Todo estaba elegantemente decorado, con un toque inglés antiguo. Al parecer el evento era mucho más que una simple tarde entre amigos. Concentré mi mente en el trabajo, fotografiando cada rincón de la mansión dispuesta para los invitados Al terminar con los alrededores y los jardínes me dispuse a entrar en la casa y a fotografiar la parte interior. Cuando pasaba por uno de los pasillos e iba a asomarme en uno de los amplios ventanales para capturar el jardín desde un ángulo alto, vi a una chica que intentaba subir por el barandal de madera, corrí a atajarla cuando en un mal movimiento se soltó y por poco cae al vacío si mi mano no hubiera agarrado la de ella a tiempo. La agarré con fuerza y la subí, poniéndola a salvo en suelo firme. —Gracias —respiró aliviada recuperando un poco el color que había perdido a causa del susto—, me salvaste la vida. —De nada, supongo. ¿Puedo saber qué intentabas? —inquirí divertido por el estado sulfurado de la chica y la situación tan cómica y extraña en la que nos encontrábamos. —No soy una ladrona ni nada por el estilo, sí es lo que piensas —se adelantó a mi conjetura. —Sé que no eres una ladrona, dudo que quieras robar en tu propia casa, señorita Luna. —Ella abrió los ojos con sorpresa, y los colores le subieron al rostro con vergüenza al verse descubierta. —¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó recelosa. —Tranquila, no soy un secuestrador ni nada por el estilo —le aseguré, burlándome de sus anteriores palabras. —Entonces, ¿quién eres? —dijo en un intento de tener autoridad y manejar la situación con dignidad, esto realmente me hizo reír, por su pose y su mirada se nota que es una chica tímida y amable, no autoritaria y demandante. —Soy un empleado de tu padre solamente, uno de los muchos. Y le recomiendo, señorita, retirarse lo más pronto posible, ya van a ser las tres. —Mis palabras la hicieron acordarse nuevamente de su entorno, después de darme las gracias salió corriendo por los pasillos. Ya fuera de mi vista me reí a carcajadas. Nunca pensé verme envuelto en semejante embrollo. Cuando el primer invitado hizo aparición corrí a la entrada. Después de hacerlos pasar y tomarles las fotos, como los perfectos anfitriones, volvimos a quedar solos. —Ella es nuestra hija, Luna —la presentó su padre. —Al fin tengo el placer de conocerla, señorita Luna —dije con una sonrisa, como si nunca la hubiera visto anteriormente. —Luna, ¿dónde está Sara? —la interrogó su madre. —Aún está retocándose, ya va a bajar —la excusó. Por petición del Señor Hamilton estuve vagueando entre los invitados tomando fotos despreocupado y tratando de no ser reconocido. Caminé por los jardines para tomar un descanso cuando vi cerca del pequeño estanque a una chica con un bellísimo vestido largo, color crema que caía sobre su cuerpo amoldándose completamente a su delineada figura, su cabello castaño oscuro, liso, pero con las puntas levemente onduladas, abundante y brillante, sus ojos castaños brillando con intensidad, era una imagen realmente hermosa, no podía dejarla pasar. La vi a través del lente de mi cámara profesional antes de presionar el botón. Cuando ya iba por la tercera foto, un movimiento ruidoso me delató y ella se percató de mi presencia. —¿Quién eres tú, y qué haces tomándome fotos? —Su delicada voz se elevó con molestia y elevó una ceja esperando mi respuesta. —Yo, yo lo siento mucho, siento haberte asustado, pero, no siento haberte tomado las fotos, no, ash, ¡no sé qué digo! —balbuceé nervioso ante la hermosa chica. —¿No te arrepientes? —replicó enojándose. ¡Ash! Metí la pata, respiré profundo aclarando mis ideas antes de decirle. —No, no me arrepiento, porque eres hermosa y ha sido la mejor foto que he tomado en mi vida —respondí con firmeza viéndola a los ojos. —Al menos pudiste haber pedido mi permiso —me espetó con dureza. —Se habría roto la magia del momento —expliqué con simpleza. —¡Empleado abusador y descarado! Aléjate de mí y borra mis fotos, o te demandaré. —Dicho esto se fue dejándome con las palabras en la boca y sin dejarme opción a defenderme. No tardé mucho en averiguar que al parecer ella era la chica perdida. Sara, me mantuve lejos de ella, lo menos que quería era un escándalo en mi primer trabajo importante. Apenas todo terminó, me fui. Al llegar al apartamento me tiré sobre mi cama con su imagen en la mente, comenzaba a quedarme dormido cuando escuché que tocaban la puerta que tocaban la puerta, intenté ignorarlo pero siguieron insistiendo hasta que lograron sacarme de la cama. Al abrir la puerta grande fue mi sorpresa. —¡Mamá, papá! —Buenas noches, Shane —saludó mi madre con una ceja alzada—, ¿hasta cuándo pensabas tenernos en el pasillo? —Lo siento, es que ya me había acostado —le expliqué. —Es de mala educación dejar a las personas esperando en tu puerta cuando estás en casa. Al igual que es de muy mala educación tener a tus visitas hablando en pleno pasillo a la vista de todos —me recriminó de malhumor. —Cierto, discúlpenme. Adelante —me hice a un lado para qué pudieran entrar y me senté junto a ellos en la sala. —¿Te parece justo que hayas venido a Inglaterra después de dos meses y que no nos avisaras? —me reprocharon con molestia. —Mamá, lo siento, pero, vine por trabajo, no a visitarlos, los conozco, no me hubieran dejado. —Pues al menos espero que nos compenses ésta falta —repuso con acritud. Suspiré antes sus palabras, son mis padres, los conozco. —Díganme sin rodeos qué es lo que quieren —pedí rodando los ojos, evitando los rodeos. —Queremos que pases estos días que te quedan en el país, con nosotros en casa. —¿No tienen ningún evento social, grande o extravagante en un futuro cercano? —indagué receloso. —Nada que sea muy grande, sólo una reunión con unos viejos conocidos —me aseguraron, después de tanto dudar al final acepté. Agarré mi cartera y mis zapatos, pues no me dejaron llevarme nada más y me fui con ellos a casa. El lugar dónde crecí en mi infancia. Los días pasaron tranquilos, la verdad, había extrañado a mis padres. Aún no lograba sacar la imagen de esa chica de mi mente, supongo que ver una y otra vez su foto no ayuda a olvidarla, pero, no puedo evitarlo. Esa chica es mucho más que hermosa, no tengo palabras para describirla. Me vestí elegantemente pues hoy sería la dichosa cena con los antiguos conocidos. Tocaron la puerta y entró una mucama. —Señor Shane —hizo una leve inclinación de respeto—, por favor, baje a la sala. Nuestros invitados ya están allí en compañía de sus padres. —Ya voy a bajar, gracias. —Ella asintió y se retiró. Demonios, iba retrasado, me distraje más de la cuenta en la ducha. Bajé rápidamente las escaleras y disminuí el paso al llegar a la puerta de la sala dónde estaban mis padres y sus visitantes charlando, ataviado con un elegante traje de tres piezas negro y una corbata verde esmeralda que resaltaba mis ojos al máximo. Entré directo hacia ellos, y al verlos mi corazón se aceleró, allí estaba ella. Al menos yo logré disimular a tiempo la sorpresa y los sentimientos que me golpearon, en cambio, ella y su amiga no. —¡Otra vez tú, empleado!, ¿qué excusa tienes ahora? —me espetó. Tuve que morderme los labios ante la cara que puso mi madre al escuchar sus palabras. —¿Empleado? —elevó una ceja con sarcasmo—, creo que estás confundida, querida. Él es nuestro único hijo. —Shane Lawrence, para servirles —me presenté con educación—, siento mucho la demora, tuve un inconveniente en la ventana—dije con doble sentido. Luna se sonrojó y bajó el rostro. —Este...sí, lo siento mucho. Sólo te confundí con otra persona, disculpa mi descortesía —mintió disculpándose captando al vuelo la indirecta y saliendo al rescate por su amiga. —Tranquila, fue sólo una confusión inofensiva. —Bueno, ya conoces a mi familia, ella es Sara Brandom, una amiga de New York de Luna —le presentó el señor Hamilton. —Es un placer conocerla, señorita Brandom —le saludé con elegancia. —El gusto es mío —me respondió con notoria sequedad. —Bueno, Shane. Lleva a las señoritas a la otra sala para que conversen —me indicó mi madre con sutileza, yo asentí y con un gesto les indiqué que me siguieran, cosa que hicieron al instante. Apenas cerré la puerta de la otra sala no puede evitarlo y me eché a reír. —Creo que necesitamos una explicación, mentiroso —me espetó cruzándose de brazos. —¿Mentiroso? Lo dudo. A ti, Luna, te dije que era un empleado de tu padre y desde luego lo era. Y a ti, Sara, no te dije nada, tú asumiste mi papel como empleado. Y no me diste tiempo a replicar. —Pudiste ser amable y aclarar ese detalle, ¿no crees? —resopló quitando el mechón que caía sobre sus ojos, me quedé embobado siguiendo su gesto, ella me veía con acritud esperando mi respuesta. —Ninguna preguntó —fue lo único que se me ocurrió decir saliendo de mi sopor. —¡Eres un completo patán! —me espetó con dureza molesta por la coherencia de mis palabras, se notaba que le irritaba que yo tuviera una respuesta lógica para cada uno de sus reclamos. —Me ofenden. Soy un caballero inglés. Nunca he sido llamada de forma tan indignante en mi vida —repliqué con una mueca, valores ingleses, no puedo negarlo, no hay peor ofensa que esa. —Creo que estamos perdiendo el tiempo contigo. Volvamos a la sala —le dijo a Luna dándome la espalda. —Aún queda un asunto por tratar —ellas ignoraron lo que decía y se encaminaron a la puerta—, ¿cuánto vale para ustedes mi silencio? Y creo que sobra decir sobre qué. Ellas se voltearon bruscamente hacia mí. —¿Ahora nos sobornas?, ¡vaya caballero! —me recriminó con sátira. —Vivo en New York, el fin justifica los medios —repuse con indiferencia. —¿Cuánto dinero quieres? —Dinero es lo último que necesito —le corté de inmediato. —¿Entonces qué demonios quieres? —inquirió con irritación palpable. —Una cita contigo, Sara. Y que Luna me ayude a convencerte de que aceptes —respondí con sinceridad yendo directo al grano. —¿Tan desesperado estás? ¡Por Dios! Consigue a una chica por los medios normales —dijo sin sutileza, pero, podía ver en sus ojos la preocupación por su amiga. —Tranquila, Sara. Que diga lo que quiera —le dijo Luna, yo sonreí, sabía que diría eso, así como sabía lo que diría Sara a continuación. —No. Yo te propongo otra cosa, un pequeño juego —dijo, eso me descolocó por completo, no era lo que esperaba, pero no me dejé amedrentar por ella. —Soy todo oído. —Escribiré cinco opciones en una hoja y se la daré a Luna. Si tu propuesta es una de ellas saldré contigo, sino, no lo haré. ¿Aceptas? —me retó con confianza. —Acepto —contesté de inmediato Busqué una hoja y un lápiz y se lo entregué. Ella escribió un momento y luego se lo entregó a Luna como lo acordamos. —Listo. Ahora escucha, nadie ha logrado adivinar en todo este tiempo. Dudo que seas le excepción —repuso con fanfarronería. —Eso lo veremos. —Me senté en el mueble relajadamente, la verdad tenía mi respuesta desde hace mucho. Me había imaginado muchos escenarios su lado desde el primer momento en que la vi—. Te llevaría al museo de arte moderno de aquí, de Inglaterra. Lo ampliaron hace poco y actualizaron su colección, es algo digno de ver. Vi su expresión en blanco y supe que había ganado antes de leer el papel. De primera opción escrita estaba la palabra museo. Una sonrisa orgullosa se extendió por mi rostro. —Bueno, señorita. Mañana paso por ti a la una de la tarde. Luego podríamos ir a comer algo —le propuse, ella perpleja ni siquiera me contestó. No me había equivocado al elegirla, es la chica correcta para mí. Y se lo demostraré. Seis meses después, en el presente... Sentados en un pacífico café de las calles matutinas de New York, con el aire frío tratando de entrar a través de los suéters. El cristalino sonido de su risa mantenía mis ojos en ella, la mujer de mi vida. ―Shane, ¿cómo puedes decir eso?, ¡eres cruel! ―me reprochó con diversión en los ojos. ―Sólo digo la verdad, cariño. Esa pobre vieja ya ni ve y va cuestiona la belleza de las grandes obras ―le respondí con la barbilla apoyada en mis manos. ―Pero, es una señora mayor, creo que merece un poco más de respeto “señor caballero inglés” ―repuso con sátira. ―No metas a mis raíces en este asunto ―le dije haciéndome el ofendido, mientras agarraba un mechón de su cabello castaño y jugaba con el entre mis dedos―. ¿A quién esperamos, cariño? ―A Luna, y a Paula. Luego podremos ir a comprar esa pintura que tanto quieres. ―¿Prefieres esperarlas a ellas por encima de irte conmigo? ―Le hice un puchero como un niño malcriado. ―Por supuesto, el día en que tú me dejes ellas estarán conmigo ―contestó dándome un beso en los labios―, puedo confiar en ellas, sé que estarán allí para mí. ―Yo no te dejaré, también puedes confiar en mí ―rebatí, aunque sabía que era un tema sin discusión para ella. ―Eso sólo lo dirá el tiempo. Suspiré, supongo que después de haber sido herido por alguien, cuesta sanar y volver a confiar. Pero, la amo, y no importa el tiempo que me lleve, le devolveré su sonrisa auténtica, y la haré confiar en mí. Por eso estoy aquí, para amarla hasta el fin de mis tiempos. Que no lo diga, no significa que no lo siento. ------------------- Bueno he aquí mi capítulo, espero les haya gustado, sé que es largo y tedioso, pero no encontraba como acortarlo, XD. Fernandha, te toca sobri. ^^
Tía mía =''33 y gemelita de Kai-san (?) gracias por la invitación. Wii me gustó :`D No diré nada sobre lo técnico x`D -tomó prestada la computadora de su hermano (?'- así que no debo tardarme tanto :') Fue linda la narración en sí. Sus acciones fueron tiernas y acordes a una minoría de enamorados :3 sólo que ¿no seguía Cygnus? x`D bien, aún así terminaré ^^ sus pucheros fueron algo, ¿cómo decirlo? Hm...¿moe's? x`DU Buen día. AT: Fer-chan.
Ô.Ô ¡¡Onee-chan!! No me importa si lo hiciste largo, es mucho mejor así. Me encanta la forma en la que narras, en como puedes hacer que me meta en la historia y lo vea todo como pelicula =). Bueno... sobre los errores, encontre Si no me equivoco ese "el" va con acento (esperó no haberme equivocado >.<). Duespues ví que repetiste dos palabras seguidamente, pero la verdad ya las perdí U¬.¬ Luego de eso, me encantó. Aunque la verdad me parecio muy comica la manera en la que me conociste, ahora mismo me pregunto ¿qué estaba haciendo en ese momento? ¡¡Y no lo recuerdo!! x´D Omm... quiero saber como haran el de mi pareja, aunque tengo que esperar algo de tiempo T-T. PD: si me equivoque en la corrección ¡¡gomen!! estoy un poco dormida y hago mal algunas cosas >.<U. Atte Kyoko Cullen
Gemelosa* Tía de Fer, lo que debe hacerme su tía (?) Querida, a lo técnico no me voy, el tiempo me apremia. Al empezar a leer pensé que era hace mucho, ahora me confunden los años, lo cual no ha de importar mucho, pero ¿dónde quedó Paula en la fiesta? ;_; Seguro con los pacientes, rayos. Me ha gustado mucho la manera de actuar de Shane, he quedado prendada del chico *o* , y, Sara se puso más cascarrabias, si, su carácter es explosivo y encontraste como manejarlo. Espero Ane llegue y lo lea, sé que lo va amar. Hubo momentos en que tuve que releer, pero nada grave. Por lo que vi, mejoraste en tu uso de los guiones, no los detallé todos, pero si la gran mayoría. ¿Qué más, qué más..? Creo que más nada querida. PD: Sería conveniente dejar a Cyg de último, como Fer ya tiene casi lista su continuación. Ahora el pobre de líder, ñe, le consumiran tiempo :'3 Felicidades de nuevo querido.
Espero grandes críticas señoritas xDD Es que, pfff, no lo sé me gustó pero siento que algo le faltó. Pensaba cambiar y arreglar cosas según Cygnus publicara su introducción, sin embargo como sabemos eso ya no podrá ser posible.Gracias por su atención :') Espero les guste. -------------------------------------------------------------------------Introducción. Alejandro Sigfrido Montoya Palacios. *-*-*-*-*-*-* Froté mis manos con la esperanza de poder calentarlas un poco, tenía frío; mucho realmente, sin embargo tenía que seguir empacando. Guardé caja tras caja en el taxi, algunas más delicadamente que otras pues había cosas que valían más para mí. —¡Oh! —escuché la vocecilla un poco chillona de mi vecina, Michelle. Volteé lentamente, relajé los hombros y le sonreí. —¡Hola Michelle! —Saludé educadamente—, ¿qué ocurre? —Introduje las manos en mis bolsillos, hacía un frío tremendo. —Veo que ya te vas, muchacho —añadió con melancolía. Asentí—. ¿Sabes? Te extrañaremos mucho, Isabela te extrañará; eres el único que ha soportado pintar con ella sin aburrirse —sonreí. —Su hija tiene un buen talento para tener nueve años —contesté—, además era entretenido. —Mi celular vibró—. Debo irme, lo siento—añadí despidiéndome. —¡Ve con cuidado muchacho, más le vale a ella cuidarte! —dijo. Sonreí. —Es sólo una amiga Michelle, no te emociones —reí. —Sólo espero que de verdad puedas amar a alguien y ser correspondido, muchacho—agregó ya algo más seria. Negué levemente. —Sólo el tiempo lo decide —contesté—. ¡Nos vemos!, ¿me puede despedir de Isabel? Se lo agradecería —concluí ingresando al automóvil. El taxista sonrió y se encaminó al aeropuerto; suspiré y comencé a pensar en todo lo que haría después de llegar a Nueva York. Nos detuvimos unos minutos por el tráfico que había. —Tomará unos quince minutos señor —dijo el taxista haciendo que lo volteara a ver —al menos eso es lo que puedo estimar. Espero no lleve mucha prisa. —No se preocupe —contesté y me recargué en mi asiento— aún tengo tiempo. —Si no cree que es una intromisión de mi parte —seguí escuchando—, ¿por qué se quiere ir de aquí? Miré por la ventana, por más que dijesen que no fuese intromisión, lo era. Me límite a observar los edificios que pasábamos. —No pienso que sea tanto una intromisión, sólo curiosidad normal —dije algo serio—. Hay una mujer que no he visto en bastante tiempo y ahora deseo encontrarme. Es una antigua amiga —En ese caso —lo miré— le deseo suerte señor. —Gracias —respondí tajante. Cerré los ojos, su sonrisa vino a mi mente, ¿cómo estará ahora Sara?El carro avanzó y no tuve la intensión de abrir los ojos. Dejé vagar mi mente en aquellos, algo nítidos, recuerdos. No sé si fueron metros o tal vez kilómetros pero nos detuvimos, nuevamente. —Hemos llegado. —Gracias —contesté mientras pagaba lo correspondiente. Abrí la puerta y bajé, caminé a la parte trasera del automóvil, acompañado del taxista y comencé a bajar mis cosas; tomé cada una de mis maletas y avancé hasta la entrada del aeropuerto. Sí, algo iba a cambiar drásticamente en mi vida. —Oh vamos —canturreó ella—, tu vida la narras como si fuese un libro —sonrió Luna —¿Quién dice que no lo es, princesa Luchy? —Susurré mientras la acunaba entre mis brazos—. Aquí cuento la historia de mi amor —suspiré en su oreja. La sentí estremecerse; solté una pequeña risa ante tal acción. —¡Deja de jugar así! —Me dijo en un tono más alto de lo normal, me agaché más y noté un sonrojo. —¡Vámonos ustedes dos! —Nos gritó Paula un tanto divertida —Vamos Heart —le dije—. Si no hubiera conocido a Sara hace tiempo no hubiera regresado a Nueva York para visitarla y tampoco hubiera conocido a esta belleza de mujer que está en mis brazos—susurré abrazándola más. —Una gran historia de amor, —sonrió— la cuentas a cada oportunidad—rió. —¿Cómo no hacerlo? Ellas es mi princesa. —Vámonos Alex —secundó, riéndose, Luna mientras se liberaba de mi abrazo. —Espera, ¿dónde está él Paula? —pregunté. —No lo sé, realmente —contestó—, Dennis nos alcanzará —sonrió—. Pero lo que importa aquí es llegar con Sara antes de que Shane se comporte como un celoso y se la lleve para él mismo. —Vaya preocupaciones las suyas—suspiré—, de acuerdo. Sin embargo, si Shane hace eso, Luna se irá conmigo —agregué. —Espera, ¿por qué? —me retó. —Moon es mía, como Sara de Shane y tú de Dennis. —burlé. —¡Déjate de tonterías! —Habló Heart enojada pero sonrojada. Caminamos hacia mi automóvil, subimos y nos encaminamos al café. Estás chicas me sorprendían, enfrentar grandes decepciones amorosas y aún así pudieron seguir luchando por un amor. Me límite a sonreír cuando ellas comenzaron a hablar sobre lo que harían cuando Sara estuviera con ellas. —Sólo espero que de verdad puedas amar a alguien y ser correspondido, muchacho. ¿Luna sería la indicada? Lo único que sabía era que la amaba.
Awww!!! Fer, me enamore totalmente de Alex. Es tan lindo y bueno con mi Luna, ¡lo adoro! El sentimiento de amor que le profesa y el cariño que le tiene a Luna es tan hermoso y tierno. También me encanto la nostalgia de la vecina que se despedia de él, y de su pobre hija que ya no podria estar con su tolerante amigo pintor xD. Note un pequeño error en una parte, te sobro una "s"; después de eso nada más. Estoy ansiosa por saber como se conocieron ellos dos, en realidad en que circunstancias. Ya que me dio mucha gracia el como conoci a Shane, en mi propia casa xD. Amora, dejo algo corto pero si tengo tiempo luego hare algo más largo. Un beso hermosa. Atte Kyoko Cullen.
¡¡Awww!! Omg, Fer, está hermoso. Amé a ese chico! Es perfecto, dulce, amable, atento... me fascinó cuando comenzó a molestar a Paula, me hizo mucha gracia, sólo le faltó sacarle la lengua oo un niño malcriado, xD Es adorable! Qué tierna forma de conocerse, es decir que él conocía a Sara de pequeña y al reencontrarse con ella se enamoró de Luna. Bueno, vi alguno que otro detalle en la separación de los guiones, pero...nada que entorpezca mi lectura. Lol, ya muero por leer el próximo. Un beso, querida.
Mi sobrina(y de mi Geme). Me ha encantado, tan sencillo pero adorable. Es un chico muuy tierno, sé que lo harás bien. Debo decir que me dio mucha risa esto: Oh por dios x'D Juro que me reí como demente en plena clases, debo decir que estaba viendo inglés, y saqué el teléfono sólo para leer la continuación, me reí mucho. Es decir, el trato que se crea, la pequeña burla y que, de forma escondida, hay algo del pasado. ¡Lo amé! Adoré que usaras los apodos, así podemos sacarlos fácilmente en otra ocasión :3 Un pequeño detalle: La coma no va allí, va después del "sonrió". Sólo dos detalles más así, falta de un punto luego de la intervención. Amé el cap, tendremos que buscar a alguien que tome el que falta, ya quiero volver a escribir ;_; Saludos.
Hola!...chicas por fin tuve la oportunidad de leer esta Obra/Original, me encantó, muy bueno El primer cap. estuvo muy triste y los que le siguieron pero luego todo cambió ¿saben? estoy muy nerviosa, son excelentes escritora y no creo estar a su nivel, es más seguro el mío será el pésimo y con mas errores y horrores, y para empeorar la inspiración se me la robaron :/ Pero en fin...bonito todo
Cariño, no digas eso. Todas tenemos errores de ortografia y de redacción, es algo normal. Nadie es perfecto, aparte nosotras te vamos a ayudar. Poco a poco vas a ir creciendo y aprendiendo de tus errores, no te pongas nerviosa ¡todo pasa por algo!
OMG! Chicas me han cautivado con su trabajo... cada historia me ha tenido atrapada y no puedo evitar preguntarme ¿por qué ya no hay más? TT.TT Desde el comienzo de Kokoro por un momento pensé que el novio cancelaría la boda al no reconocer a la novia y entonces la llamada de Pedro y aquel beso WTF! me parecio algo tan increíble que aún no lo supero y entonces antes de que pueda sentir compasión por ella y centrarme en su sufrimiento aparecen sus amigas Sara y Paula con historias similares que te hacen decir: ¡Maldición! Shane me pareció uno de los personajes más adorables de la historia, ¿o será que me encanta la idea de qué en primera instancia no le agradara a Sara? no lo sé, es que simplemente tenía ese encanto de inglés/neoyorkino xD Dí un "me gusta" a cada uno de los capítulos, inclusive al de Fernandha -no te menosprecies, tienes un gran talento - pero me pareció injusto solo dar click a ese botón cuando han dedicado tanto esmero y trabajo a cada una de las partes de la historia. No pienso dedicarme a hacer correcciones de cada capítulo, dado que se me han adelantado a la tarea e igual me he sumergido tanto en la historia que no podría mencionar mucho al respecto. Aún queda mucho por contar para todos los personajes ¿o es que pensaban abandonar a Paula y Luna sin dar una trayectoria a su vida? Me partirían mi corazón de fangirl si me dicen que si, así que este comentario vino a hacer lo que mucho spam suele hacer: Solicitar una continuación. No pueden culparme por pedirla, las culpo por emocionarme tanto con su escrito xD Antes de terminar, solo me queda remarcar lo obvio: Buen trabajo.
Introducción Dennis Lehner El cielo se encontraba nublado al inicio del otoño, sin embargo el frío que acompañaba a muchos en sus caminatas no era molesto. Entre la gente que se encontraba en el parque a ésa hora, resaltaba un chico alemán, de porte alto y mirada misteriosa. Sus ojos azules estaban concentrados en el cielo grisáceo, pero su mente divaga en todos los casos que tenía en ése momento, no por que fuesen complicados, ni menos por que le abrumaran. Lo que no terminaba de comprender era cómo las personas podían pelear tan fácilmente, e irse con un abogado de una vez. A él eso no le importaba, mientras pagaran, y no tuviese que merodear mucho desde un punto de vista sentimental con ello, todo bien. Se sentó en un banco por unos minutos, en ése momento pudo dormitar y pensar en caso de los Turnner, era un divorcio, el motivo era que la esposa había llevado un gato a casa, por cuidarlo y el esposo era alérgico. Ridículo, pero lo que estaba detrás de ello era el dinero, no habían hecho separación de bienes y por derecho todo era 50/50, algo que al hombre no le agradaba. Él era el abogado del Sr. Turnner, si comprobaba adulterio, que era lo más posible por parte de la joven esposa, el señor se quedaría con su dinero.Cuando el reloj de su muñeca marcó las seis de la tarde se levantó y se dirigió a la salida. Buscó su coche y se montó en él, dio reversa y salió del parking, no sin antes activar el GPS de su auto hasta el restaurante que le habían citado. Llegando allí tomó su saco negro del asiento trasero y se lo colocó.―¿Tiene cita? ―preguntó el Host en la entrada.―Turnner ―respondió y fue guiado hasta la mesa VIP del sitio, donde se encontraba el señor con una copa de vino tinto en la mano.―Me alegra verlo ―saludó―, mi casi ex me vuelve loco, no puedo con ella.Él se sentó y dejó el maletín en una silla que estaba a su lado, sacó unos papeles y los extendió en la mesa.―No soy psicólogo ni mucho menos, en tal caso conozco a alguien que puede ayudarle ―aconsejó―, pero hoy no, hablemos de leyes ―expresó sin tapujos.―Sin rodeos como siempre Lehner, no cambias. ―El hombre sonrió ante esto y pidió otra copa para su abogado. *** Luego de haber hablado con su cliente podía atar cabos sueltos. Se sentía conforme con ello, no mucho para querer bailar de alegría pero sí tratar de esbozar una sonrisa de vez en cuando. En menos de cinco minutos ya estaba en la cocina de su casa sirviéndose un vaso de agua, el saco descansaba sobre un mueble y la corbata iba a tener el mismo destino. Apretó el botón de su contestadora al tiempo que dejaba el vaso en el mesón. « Tienes un mensaje nuevo: “Habla Dennis, no me encuentro, ya sabes que hacer”. ―Hola Dennis, es Luna, no sé pero hoy tuve el presentimiento que un cliente tuyo necesitaba mis servicios ―rió un poco antes de continuar, cediendo el teléfono―. Habla Sara, lo que Luna quería decirte es que… ―La chica tomó aire―. ¡¿Por qué narices no fuiste hoy?! Si bien no me agradas la pobre Paula no tenía con quien “argumentar”, adiós. ―Y colgó. » Sintió que la ira de chica caería sobre él de algún modo, y le causó gracia. Pudo, sin embargo, contener las ganas de voltear los ojos ante tal “reprimenda”. Cuando ya se había cepillado los dientes y lavado la cara, se recostó un instante, allí, un tanto relajado pero con los músculos agarrotados, recordó. Ésa chica con la cual podía debatir sin cansancio. Una mueca le asaltó. El día anterior ella le había llamado para concretar la cita por la separación de bienes. Él ya sabía el caso con antelación, la secretaria de la joven doctora le había dado varios detalles interesantes. Y él, en sus manos tenía un papel que, si bien no era una declaración de la tercera guerra mundial, podía causar una en su despacho. Ya eran las 6: 15 de la mañana y la joven no aparecía por el despacho. Hubo un momento que se levantó y fue al pasillo contiguo a por un vaso de agua, y a buscar a la joven, quizás se había perdido o asustado por los policías, de repente, vio como una pequeña multitud se aglomeraba, curioso se dirigió al lugar. Observó que una pequeña joven con cabello en bucles le reclamaba algo a una acaramelada y contrariada pareja. Enfocó bien y abrió los papeles que tenía en la mano, era la chica con quien había quedado, y aquél fulano era de quién iban a hablar. Genial, iba a matar a dos pájaros de una sola pedrada. ―Lárgate de mi vista White ―dijo la chica, él, aprovechó para acercarse y tocarle levemente el hombro, ésta se giró y le detalló. ―Disculpe señorita, pero usted tenía una cita conmigo, sobre una separación de bienes ―reclamó mientras ella le inspeccionaba y miraba la etiqueta que descansaba en su solapa.―Lo siento licenciado Lehner, pero creo que ya no necesitaré de sus servicios, gracias y disculpe las molestias. ―Cuando iba a dar media vuelta e irse, él habló.―Por favor oficiales, arresten al señor White. ―La mirada a la ‘pareja’ se le descompuso, Dennis siguió―: Los cargos serían estafa al banco y a la cuenta mutua que tenía con la Doctora Gonzales.Él vio como el menudo rostro se contrariaba en mil emociones a la vez, incluso tratando de arquear una ceja, se dio cuenta de que no podía. ―Por favor, Licenciado, necesito tiempo. Sé que es su caso pero, no estoy bien ―pidió con los ojos llorosos.Dennis quiso decirle que no, pero simplemente no pudo. Ese no debía ser un dolor nada normal, tenía que ser fuerte, así que cedió. ―La espero mañana temprano. Supongo que querrá que esté en la cárcel ―atinó a decir sin inmutarse. ―No soy una mujer vengativa señor Lenher ―sintió que la chica no era sincera, que estaba herida, pero lo dejó pasar. Miró cómo se perdía entre la multitud, y también sintió la mirada de un iracundo White sobre él. ―Las miradas no matan niño bonito, nos vemos en el juicio ―dijo y se marchó a su despacho. Mañana vería a la joven. ***A las seis de la mañana la joven doctora tocaba a su despacho. Él le indicó que pasara y así lo hizo.―Tome asiento por favor ―indicó―, ¿una taza de café?―No gracias, no bebo café ―sintió como la voz de la joven era un tanto ronca, quizás había estado llorando, no le recriminaba nada. Pero tampoco le comprendía.Los sentimientos tan abrumadores de los que hablaba la gente en ésos días él no los había experimentando, quizás nunca lo harían. Pero mientras, podría disfrutar del agradable clima que asechaba con comenzar.―Señor Lehner, ¿le importaría si hablamos en otro lugar? ―Él alzó una ceja y Paula continuó―: Me siento un tanto sofocada aquí, es todo ―dijo mientras jugaba con la correa de su cartera.―¿Qué lugar aconseja? ―cuestionó mientras tomaba sus cosas y le dijo mudamente que le acompañara hasta la puerta, le dejó pasar a ella primero.―El parque sería agradable, hay un buen puesto de café si gusta ―contestó ella mientras buscaba las llaves en su bolso.―Me parece perfecto, podemos hablar en el camino incluso ―hablaba mientras caminaban. En un punto la miró, no podía creer que tan menuda chica fuese doctora, era impresionante―. Vayamos caminado, no queda lejos.Ella asintió con los ojos un tanto llorosos. Caminaron por lo largo de la calle, el cielo gris se asomaba sobre ellos, pero sólo eran nubes; el humor de la chica se asemejaba, decaído. Una vez que llegaron al parque la fémina buscó de forma entusiasta el puesto, le señaló con la vista y fueron hasta él. Su abogado pidió una taza de café, mientras ella se decidía por un chocolate caliente. ―Bien, según sé la cuenta en un principio era suya, ¿no es así? ―cuestionó al leer unos papeles.―En realidad era de mis padres, realizaron un traspaso justo un mes antes de morir. Luego es que se hizo mutua ―aclaró sorbiendo de su taza.―Hablando en otros términos, y disculpe que diga esto así. ―Ella le miró con una mueca―. ¿Sabía o sospechaba que White tenía alguna amante? ―Paula sólo tomó más de su bebida caliente―. No estaban casados, pero ése dinero estaba en una cuenta mutua por ser socios, ganancias de trabajo, donde la mayoritaria era usted, no él. ―Lo sé, y esa es una de mis dudas, ¿cómo pudo hacer desaparecer el dinero sin mi autorización, me explico? ―cuestionó con la voz entre cortada.―Eso fue asunto del banco, algún amigo le hizo el pase por decirlo así. Eso están buscando los policías, a nosotros nos va más lo de oficina, papeles y eso ―dijo, a ella se le escapó una sonrisa―. Señorita Gonzales…―Paula, llámeme Paula ―dijo con una sonrisa y un poco de chocolate de bigote.Se veía tierna, algo extraño para él darse cuenta de ésas cosas.―Bien Paula, en tal caso llámame Dennis. ―Trato ―dijo ella y se limpió la boca con una servilleta.Ésa cliente era distinta, primero: nunca había tenido una reunión fuera de su despacho, al menos que fuese algo muy importante; segundo: a ningún cliente le permitía tutearlo, menos él hacerlo. Se levantó en cuanto ella lo hizo y caminaron de vuelta a su oficina, se mantendría cerca de ésa chica, era interesante. ―Eso hace poco más de un año ya, chica necia. ―Una mueca similar a una sonrisa le asaltó. Vio su reloj, no se dio cuenta que se había quedado dormido recordando, ya eran las 7am, agradecía que fuera domingo, se cobijó de nuevo en su cama, cuando de repente sonó el timbre. Y sonó de nuevo, y de nuevo… Profirió un improperio, se puso las pantuflas, y la bata de dormir. Caminó a ciegas pero llegó a la puerta, en cuanto quitó el último seguro la misma casi se le plantó en la cara. Se sobó la nariz y miró sin sorpresa alguna a las tres chicas allí, Sara: enojada, Luna: distraída, y la menuda Paula saludándole con una muda sonrisa, diciendo que lo sentía.―Sara, no exageres, venga que está cansado, trabajo ha de haber tenido, y yo también tengo… vámonos ―suplicó la doctora a una de sus amigas.―Oh no, eso sí que no. ―Le dijo a su amiga―. Y tú ―señaló al adormilado chico―. Te das un baño, y te vistes, vamos, vamos. ―Le dio unos empujones, y él, más dormido que despierto obedeció, no muy contento, pero no tenía caso pelear con ellas.―Yo debo ir a sacar el auto de allí, luego nos infraccionan ―dijo una apresurada Luna.―Yo te acompaño, después de todo la que cocina aquí es Paula. ―Y le guiñó un ojo a la susodicha.―Oh no, chicas, vamos, no sean así ―suplicó. Ellas la ignoraron y se fueron corriendo. ―Yo también las amo ―dijo con sátira.Paula dejó su cartera en el sofá del chico, tomó la ropa que allí estaba y la dejó en el lavandero. Fue a la cocina a preparar algo, después de todo sus amigas la habían secuestrado rápidamente de su casa y no había podido comer. ―¿Lo volvieron a hacer? ―indagó el abogado cuando se sentó en la mesa del comedor y ella le sirvió.―Así es, insisten. No entienden que necesitamos un descanso ―dijo el ocupar su asiento―. ¿Jugo? ―Él asintió.―Lamento lo de ayer, el caso Turnner es agobiante. Una mujer zorra y un hombre idiota, un encantador matrimonio ―dijo mientras extendía su vaso.―Deberías dejar de usar esa clase de adjetivos, a la gente no le agrada ―riñó.―Tú eres muy blanda, por ello te molesta ―contestó.―Oh, sí claro, ¿blanda? Dudo que alguien blando sea capaz de llevar a cabo una cirugía…―Es distinto Heart. ―Ella bufó―. Eres blanda con respecto a emociones, no a lo físico. Físicamente puedes matar a alguien, pero emocionalmente eso te mataría a ti ―afirmó, sin inmutarse.―No hables de la muerte como algo tan sencillo ―dijo y apartó su plato.―Es algo natural ―dijo con simpleza.―No si se puede impedir.Y allí inició otra de sus creativas “discusiones”. Sus amigos llegaron más tarde, para ver cómo estaba uno frente al otro, dialogando, Paula con la cara roja y clamando paciencia, mientras Dennis no cabía en gozo por verla así, aunque lo ocultaba. Ellos los miraron, y siguieron de largo, se sentaron en el sofá a ver la televisión. En media hora Paula saldrían indignada por ésa puerta y Dennis, volteando los ojos saldría a buscarla, y todos los seguirían a algún centro comercial. ++++++2146 PalabrasN/A : Ha sido genial escribir esta introducción, espero haber manejado bien a Dennis, el chico ciertamente es difícil para mí, ¿OOC en él? Es posible. Espero haya quedado bien y así poder de nuevo retomar. *―* Lo tenía listo desde hace una semana, pero el cel no me dejaba copiarlo para publicarlo u.uSaludos~
Me dio la impresión de que no se avanzo mucho en esta parte de la historia, más bien se retrocedió para aclarar un poco de la misma y es que quizás haber leído todo de una vez me mal acostumbro (?) Solo tengo una pequeña observación respecto a un espacio dentro del mismo párrafo: Fuera de ello, nada Si me lo preguntas no hubo OoC, aunque es dificil decir que hay cuando hablamos de originales, podrías decirlo por el repentino interés del abogado por Paula (?); sin embargo, creo que fue más bien una atracción que evolucionó lentamente por lo que no le veo así. Esperaba más pistas de lo que seguira en la historia y no tengo nada.Yo que quería que llegara el fin de semana para poder leer, me torturan de nuevo T_T. Buen trabajo, ahora ¿a quién debo de acosar? x'D